5 mitos sobre las dietas y la nutrición

Muchas veces se da la situación en la que queremos cambiar nuestra dieta para poder ganar en volumen de los músculos, perder grasa o simplemente comer más sano y mejor. Pedimos asesoramiento a expertos, nutricionistas y demás profesionales de la materia y conseguimos unos resultados acorde a nuestras expectativas. Después, un compañero de trabajo, amigo o familiar nos pide la “receta” para conseguir nuestros resultados y nos encontramos en un intenso interrogatorio con preguntas como ¿las patatas no causan diabetes? ¿No debería  tomar menos sal, para prevenir la presión arterial alta? Y un largo etc.

Muchas de estas preguntas son resultado de unos mitos creados alrededor de las dietas que hacen más difícil adecuar nuestros hábitos correctamente a nuestros objetivos. Hoy vamos a desmontar algunos de estos mitos y aportar un poco de luz en este asunto.

Mito 1: El consumo alto de proteínas es perjudicial para los riñones

En 1983, los investigadores descubrieron que comer más proteína aumenta el TFG. El TFG se puede interpretar como la cantidad de sangre los riñones filtran por minuto. A partir de este hallazgo, muchos científicos afirmaron que esto ponía a los riñones bajo mayor presión.

Años después, investigadores holandeses confirmaron que el TFG se incrementaba con un mayor aporte de proteínas, sin embargo, los sujetos continuaban con un funcionamiento renal saludable.

Conclusión: No tengas miedo a incrementar la ingesta de proteínas diarias.

Mito 2: Las patatas dulces son mejores que las patatas blancas

En los Estados Unidos, consumen una versión altamente procesada de las patatas blancas, es decir, patatas fritas tipo McDonalds y se la ha relacionado con la obesidad y un riesgo incrementado de diabetes. Mientras tanto, la patata dulce, tiene la fama de ser rica en nutrientes y también tener un índice glucémico más bajo.

Realmente las patatas blancas y las patatas dulces tienen diferencias nutricionales que se pueden complementar y un tipo no es necesariamente mejor que el otro. Las patatas dulces tienen más fibra y vitamina A, pero las patatas blancas son más altos en minerales esenciales, como hierro, magnesio y potasio. En cuanto al índice glucémico, en las patatas dulces es proporcionalmente más bajo.

Es más importante como está preparadas las patatas (al horno, fritas, etc) que el tipo de patata en sí.

Mito 3: La carne roja produce cáncer

En un estudio realizado en 1986, investigadores japoneses descubrieron que las ratas alimentadas con aminoácidos heterocíclicos, que se generan al cocinar la carne a temperaturas altas, desarrollaron cáncer. Y desde entonces, algunos estudios de grandes poblaciones han sugerido un posible vínculo entre este tipo de carne y el cáncer.

Ningún estudio ha encontrado una relación directa de causa y efecto entre el consumo de carne roja y el cáncer. En cuanto a los estudios de población, que están lejos de ser concluyentes, ya que se basan en encuestas a gran escala de gente con hábitos alimenticios muy diversos.

Conclusión: no hay motivo para “escapar” de las carnes rojas, además este tipo de carne es rico en el aminoácido L-Carnitina que favorece la utilización de grasa para obtener energía.

Mito 4: La fructosa engorda más que el azúcar convencional

En un estudio de 1968, las ratas que fueron alimentadas con grandes cantidades de fructosa desarrollaron niveles altos de grasa en la sangre.

El nombre técnico para el azúcar convencional o azúcar de mesa es la sacarosa. La sacarosa es 50% fructosa y 50% glucosa, por así decirlo, y no hay evidencias de que un tipo de azúcar engorde más que el otro.

Mito 5: La sal produce hipertensión

En la década de 1940, un investigador de la Universidad de Duke llamado Walter Kempner, se hizo famoso por utilizar la restricción de sal para el tratamiento de las personas con hipertensión. Más tarde, los estudios confirman que la reducción de la sal podría ayudar a reducir la hipertensión.

A gran escala, los estudios científicos han determinado que no hay razón para las personas con presión arterial normal tengan que restringir su ingesta de sal. Eso sí, si ya tenemos la presión arterial alta, podemos ser sensibles a la sal. Como resultado, la reducción de la cantidad de sal que consume podría ser de ayuda. Otro método para controlar la hipertensión es consumir alimentos ricos en Potasio. Investigadores holandeses determinaron que una ingesta baja de potasio tiene el mismo impacto sobre la presión arterial que un consumo elevado de sal. Entendemos pues que debe existir un equilibrio en la ingesta de sal y del mineral potasio.

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